
Bosques de Macroalgas
Acerca del proyecto
Los bosques de macroalgas cumplen funciones esenciales para la salud del océano: capturan carbono, producen oxígeno, amortiguan el oleaje, ofrecen refugio y alimento a peces e invertebrados, y sostienen la base de las cadenas tróficas marinas. Son, en muchos sentidos, los bosques del mar: infraestructuras naturales que permiten que la vida oceánica funcione.
Chile alberga uno de los sistemas de macroalgas más extensos del planeta, con praderas que se distribuyen desde el norte hasta los fiordos australes. Estas algas son utilizadas en industrias como la alimentaria, farmacéutica y cosmética, lo que ha posicionado al país como un actor relevante en el mercado global.

Un modelo global que no se replica en Chile
A nivel mundial, la producción de algas está dominada por la acuicultura. En 2019, la producción global alcanzó 35,8 millones de toneladas, de las cuales cerca del 97% provino de cultivo, principalmente en Asia. Solo un 3% correspondió a recolección silvestre.
Chile es una excepción. Mientras el mundo cultiva algas, Chile se ha convertido en el mayor exportador de macroalgas silvestres del planeta, concentrando cerca del 42% de toda la recolección silvestre global. La gran mayoría de esta producción proviene de praderas naturales, no de cultivos, lo que convierte al país en un actor clave, pero también en uno especialmente responsable.
El problema en el norte de Chile
En el norte del país, la extracción intensiva de macroalgas ha generado una presión crítica sobre los ecosistemas costeros. La combinación de baja regulación, fiscalización insuficiente, escaso valor agregado y una lógica extractiva de corto plazo ha llevado a la degradación acelerada de praderas naturales.
Muchas de estas algas no logran regenerarse al ritmo de la extracción. El resultado es cada vez más visible: fondos marinos “pelados”, pérdida de biodiversidad, menor productividad pesquera y ecosistemas debilitados frente al cambio climático. Este modelo no solo es ambientalmente insostenible, sino también económicamente frágil, al depender de la exportación de materia prima sin transformación ni beneficios locales significativos.

Avances en el sur, desafíos en el resto del país
En contraste, en el sur de Chile existen avances relevantes. En 2024, Fundación Patagonia Azul apoyó la renovación por 10 años de la veda del Macrocystis pyrifera en la Región de Magallanes, una medida histórica para la conservación y el manejo responsable de este recurso. Actualmente, la fundación trabaja para replicar esta política en la Región de Aysén, con respaldo del gobierno central.
Estas experiencias demuestran que la protección funciona cuando existe voluntad política, respaldo científico y una gobernanza adecuada del territorio.Chile alberga uno de los sistemas de macroalgas más extensos del planeta, con praderas que se distribuyen desde el norte hasta los fiordos australes. Estas algas son utilizadas en industrias como la alimentaria, farmacéutica y cosmética, lo que ha posicionado al país como un actor relevante en el mercado global.
Próximos desafíos
El desafío hacia adelante es ordenar y proteger la extracción de macroalgas, evitando que la presión económica continúe degradando praderas naturales que no logran regenerarse. En ese contexto, Fundación Patagonia Azul se prepara para impulsar una nueva etapa de trabajo, orientada a establecer condiciones mínimas que permitan compatibilizar actividad económica y conservación a largo plazo.
Entre los principales desafíos que buscamos abordar se encuentran:
- Evitar la extracción indiscriminada de macroalgas, promoviendo criterios ecológicos claros y límites efectivos a la cosecha, especialmente en zonas de alta presión extractiva.
- Impulsar la instauración y extensión de vedas de extracción, basadas en evidencia científica, que permitan la recuperación real de las praderas y aseguren su funcionamiento ecológico en el tiempo.
- Fortalecer la correcta implementación de las AMERB (Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos), promoviendo una gobernanza local más sólida, con reglas claras, monitoreo adecuado y participación activa de las comunidades costeras.
- Apoyar el desarrollo de investigación y monitoreo científico, como base para entender los tiempos de regeneración, los límites de extracción y los impactos acumulativos sobre los ecosistemas.
Proteger los bosques de macroalgas no es detener la actividad humana, sino establecer reglas claras para que estas praderas sigan existiendo en el tiempo, sosteniendo la biodiversidad, la pesca y la salud del océano.








